Textos complementarios
Una lectura práctica sobre el karatedo
La cuestión planteada en este ensayo no pertenece únicamente al ámbito de la reflexión filosófica. A lo largo del ensayo hemos visto cómo la diferencia entre una representación y aquello que representa puede manifestarse en las acciones cotidianas. El karate ofrece un ámbito concreto en el que esta cuestión puede examinarse con mayor detalle: la representación mental del movimiento, del adversario o de la acción puede llegar a sustituir a la experiencia misma.
“Todo conflicto comienza mucho antes del primer golpe. Comienza en el instante en que una representación deja de reconocerse como representación y pasa a confundirse con la realidad”. Esta afirmación, planteada en la parte dedicada a la ética, sirve como punto de partida para explorar cómo esa confusión puede manifestarse en la práctica del karate.
Desde este punto de vista, se puede releer uno de los dichos más conocidos del karate tradicional, Karate ni sente nashi (En karate no hay primer golpe), que habitualmente se entiende como una norma moral para no ser el primero en iniciar una pelea o bien no tener intenciones ofensivas.
A lo largo de este ensayo se ha propuesto que el conflicto comienza cuando determinadas representaciones dejan de reconocerse como representaciones. Entre ellas ocupa un lugar central la experiencia de un yo separado de un otro. Cuando esa representación pasa a experimentarse como la realidad misma, la oposición aparece de forma casi inevitable; si esa confusión deja de producirse, también cambia la manera de experimentar lo que acontece.
Vamos a leer la interpretación que el maestro Shigeru Egami hizo de la frase de su maestro Gichin Funakoshi en su libro Karatedo para principiantes:
Si en lugar de oponerse a los movimientos de su adversario usted se moviera con él de una forma natural ¿Qué sucedería? Encontraría que él y usted son como uno y cuando él se mueva para golpear su cuerpo se moverá con naturalidad para esquivar el golpe. Cuando sea capaz de hacer esto descubrirá un mundo completamente diferente, mundo del que no conocía la existencia. Siendo uno con el adversario y moviéndose naturalmente con él, sin oposición, no tiene sentido golpear primero. El significado de “Karate ni sente nashi” no puede ser comprendido mientras no se alcanza este estado.
Si interpretamos estas palabras desde la hipótesis desarrollada en este ensayo, ese “estado” puede entenderse como la consecuencia de dejar de experimentar como real la representación de un yo separado de otro. Mientras esa representación se viva como la realidad misma, la oposición resulta inevitable. El conflicto solo puede surgir cuando ese carácter representativo ha sido olvidado.
Por tanto, “no hay primer golpe en karate” dejaría de señalar únicamente una conducta para apuntar hacia una experiencia del mundo en la que la representación de un yo separado de otro yo deja de vivirse como la realidad misma. Desde esa experiencia, “primer golpe” deja de ser una posibilidad real. No porque desaparezcan los movimientos del cuerpo, sino porque la noción misma de “primero” pertenece al ámbito de las representaciones con las que el pensamiento organiza la experiencia. No forma parte de los hechos, sino de la interpretación que hacemos de ellos.
Allí donde deja de experimentarse como real la separación entre un yo y un otro, también deja de experimentarse como real la sucesión desde la que hablamos de un primero y un segundo golpe.
La separación y la sucesión constituyen dos formas fundamentales mediante las que el pensamiento organiza la experiencia. Si ambas dejan de confundirse con la realidad, la expresión “no hay primer golpe en karate” deja de ser una recomendación moral para convertirse en la consecuencia natural de esa forma de ver.
Quizá esta sea la profundidad de Karate ni sente nashi. No solo describe el modo de actuar de quien ha dejado de confundir el pensamiento con la realidad; señala también el horizonte hacia el que se dirige toda la práctica del karate. No dice simplemente “no golpees primero”, sino algo mucho más exigente: practica hasta que esa frase deje de ser una norma y se convierta en una descripción de tu experiencia del mundo.